"Odio ser el centro de atención. Ya sea en la confirmación de mi hija o en una presentación en el trabajo. Soy de los que brillan en petit comité."
Uno no asociaría de entrada una declaración de este tipo con alguien que dirige su propio negocio con entusiasmo. Con tanto entusiasmo que la empresa se ha vendido nada menos que dos veces: primero a un fondo de capital riesgo por la friolera de un millón, y después a un mastodonte por mil millones, sin duda el sueño de muchos.
Christian Rudolph, uno de los dos fundadores del exitoso concepto SofaCompany, es la prueba de que la introversión y el éxito pueden ir de la mano. Porque se puede ser visionario y reservado a la vez. Puedes ser una persona apasionada y competitiva a la que le gusta mantenerse en un segundo plano, como un entrenador que dirige con entusiasmo a su equipo pero que quiere estar lejos de los focos.
"No me gusta ser el centro de atención, pero soy una persona visionaria y competitiva. Una cosa no quita la otra. Me siento más cómodo quedándome en un segundo plano y apoyando desde allí a los encargados de comunicar cosas importantes. Esto no me limita en absoluto."
Porque aunque Christian, de 44 años, que se considera en parte hijo de Køge, es muy consciente de sus nulas ganas de protagonismo, también es consciente de que, en la misma medida, posee una terquedad y un gen competitivo que lo hacen fuerte. Y es consciente de que esta fuerza, que potencia todavía más su esposa y socia Cathrine, ha llevado su proyecto tan lejos que mañana mismo podrían irse de vacaciones perpetuas a un resort de lujo si quisieran.
Pero no nos adelantemos, volvamos atrás, a la infancia de Christian. Un comienzo en el que arrancaron dos grandes aventuras.
No me gusta ser el centro de atención, pero soy una persona visionaria y competitiva. Una cosa no quita la otra. Me siento más cómodo quedándome en un segundo plano y apoyando desde allí a los encargados de comunicar cosas importantes.
Muebles de jardín y mucho amor
Cuando en el año 2000 este joven de un pueblo de las afueras de Køge terminó sus estudios de Técnico en Exportaciones —"una titulación que probablemente no exista hoy en día"—, había aprendido en la teoría y en la práctica las reglas básicas del juego que rigen en las empresas internacionales. Cuando un fabricante de edredones que era proveedor de la mastodóntica Jysk —una cadena internacional de tiendas de muebles y accesorios para el hogar— asignó a Christian su primera misión comercial, este viajó a Polonia. Allí conoció al jefe de ventas de una empresa de muebles de jardín, que también era proveedor de Jysk, en lo que resultó ser el primer paso en el camino hacia algo más grande.
Este jefe de ventas contrata a Christian como asistente de marketing, pero pronto será ascendido a gerente de marketing y se creará una agencia de marketing interna encargada tanto de promover las ventas de la empresa de muebles de jardín —que ahora también comercializa otros tipos de muebles— como del marketing en tienda de clientes internacionales como Walmart, Jysk, Bauhaus y Obi. Más tarde, Christian podrá llamarse "director de marketing".
Pero antes tendrá lugar otro encuentro crucial. Christian le ha echado el ojo a una chica que trabaja con él. Dicen los que lo han intentado que encontrar el amor en el lugar de trabajo puede ser todo un reto. Y más si resulta que la compañera en la que te has fijado es la hija del propietario.
"Una vez que te independizas, ya no eres tan atractivo en el mercado laboral: se hace más difícil adaptarse a las circunstancias de los demás", fueron las palabras del suegro. Pero Christian no estaba especialmente preocupado por esta posibilidad. Llevaba ocho años en el mercado laboral y se sentía más que preparado para seguir navegando en su propio barco de dos tripulantes: Cathrine y él.
"Cuando me contrataron en el año 2000, quedé fascinado por una chica muy dulce que trabajaba en la empresa. Pronto establecimos una relación, estábamos los dos muy felices. Sin embargo, esta chica resultó ser la hija del propietario. Pero yo estaba enamorado, era imposible pensar racionalmente."
La chica se llamaba Cathrine. Al principio, los dos amantes intentaron mantener su amor en secreto. Pero en una empresa pequeña, donde los dimes y diretes corren como la pólvora, mantener este secreto se convirtió en todo un reto.
"Entonces era carísimo hablar por el móvil cuando estabas en el extranjero. Al principio mantuvimos nuestra relación en secreto. Pero en un momento dado, hubo alguien que empezó a sospechar al ver que había hecho llamadas por varios miles de coronas desde el extranjero, siempre al mismo número."
Así que Christian y Cathrine decidieron liberarse de las convenciones y hacer oficial su relación en el lugar de trabajo. Una elección de la que no se han arrepentido nunca.
"Tenéis la posibilidad de intentarlo, pero no creo que podáis."
Ocho años después de lo que resultó ser la empresa de muebles de su suegro, de un "Sí" de su amada Cathrine y del hijo y la hija que le siguieron, vuelve a ocurrir algo que marca para siempre la historia ya común de Christian y Cathrine. El conocido empresario danés Lars Larsen compra la mitad de la empresa de su suegro y le pide que se centre exclusivamente en los muebles de jardín. La empresa tenía un "departamento muy pequeño que fabricaba sofás" y que, ahora, debía cerrarse. Pero Christian y Cathrine tenían otros planes:
"Lars Larsen había comprado la mitad de la empresa y decidido que el departamento de sofás, que no formaba parte de la actividad principal, tenía que cerrarse porque era totalmente deficitario. Preguntamos si nos lo podíamos quedar para intentar reflotarlo. Y esto es lo que más tarde se convirtió en SofaCompany."
Aunque la pequeña división de sofás iba a convertirse en el primer capítulo de una gran historia de éxitos, el entusiasmo del suegro por la propuesta de la joven pareja brilló por su ausencia, recuerda Christian: "'Tenéis la posibilidad de intentarlo, pero no creo que podáis', dijo lacónico. Durante el primer y segundo año tuvo razón, pero luego la cosa empezó a cambiar. Ahí me volví terco, porque soy una persona competitiva."
El suegro también dejó claro a su hija y a su yerno que trabajar por cuenta propia tiene ciertos riesgos. Porque volver a la categoría de empleado cuando has saboreado la libertad que te da ser tu propio jefe es complicado.
"Una vez que te independizas, ya no eres tan atractivo en el mercado laboral: se hace más difícil adaptarse a las circunstancias de los demás", fueron las palabras del suegro. Pero Christian no estaba especialmente preocupado por esta posibilidad. Llevaba ocho años en el mercado laboral y se sentía más que preparado para seguir navegando en su propio barco de dos tripulantes: Cathrine y él.
Christian llevaba ocho años en el mercado laboral y se sentía más que preparado para seguir navegando en su propio barco de dos tripulantes: Cathrine y él.
¿Por qué no los vendemos nosotros mismos?
Los jóvenes padres se empeñaron en refutar la profecía del suegro de que solo era cuestión de tiempo que la pequeña aventura de los sofás se fuera al traste. El negocio de los sofás, que aún se vendían únicamente en el mercado B2B, no estaba dando los frutos esperados, así que la pareja decidió diseñar algunos modelos retro especiales. Estos modelos tuvieron una buena acogida por parte de distribuidores de varios países, pero no entre las grandes cadenas danesas:
"El negocio se hundía, estábamos al borde de la quiebra, pero estos modelos retro que Dinamarca no quería se vendían bien en otros países y nosotros estábamos convencidos de que tenían potencial en cualquier parte". Y entonces Cathrine dijo: "¿Por qué no creamos una pequeña página web y los intentamos vender nosotros mismos aquí en Dinamarca? Después podemos ir a los distribuidores y decirles que hemos vendido tantos en los últimos seis meses que van a tener que comprarlos sí o sí". Pasados estos seis meses, sin embargo, habíamos vendido tantos sofás que le dije a Cathrine: "No vamos a ir a buscar a nadie: vamos a continuar nosotros solos".
La pareja sintió por fin que había dado en el clavo, aunque no eran conscientes de hasta qué punto... En aquel entonces no intuían que esa obstinación por no trabajar con las grandes cadenas les conduciría, con el paso del tiempo, a la gran compañía que son hoy, la SofaCompany. "Nuestro pequeño acto de protesta dio lugar a SofaCompany, que surgió precisamente de hacer lo que se supone que no teníamos que hacer", explica Christian.
No dejar pasar el tren
La protesta funcionó, y Sofakompagniet, como se llamaba entonces la empresa, se fue expandiendo a más y más países. En algunos lugares fue bien, en otros no tanto:
"SofaCompany ha sido un éxito porque nos hemos atrevido a subirnos a muchos trenes. Algunos nos han llevado lejos, otros no", explica Christian, plenamente consciente del riesgo que supone aprovechar las ideas y oportunidades en cuanto se presentan. La pareja tuvo que cerrar en Malasia porque el mercado no era como pensaban y porque no tenían a la persona adecuada sobre el terreno. En Sudáfrica, por el contrario, la cosa fue muy bien, pero la distancia tanto geográfica como cultural desbarató la estructura inicial que tenía pensada la pareja, que aun así se fue con la sensación de haber aprovechado la oportunidad. Venían de un mercado B2B puro y duro, en el que solo vendían a grandes cadenas de muebles, y ahora estaban vendiendo directamente al consumidor final y obteniendo un beneficio mucho mayor. No podían más que estar agradecidos.
"Creo que fue una ventaja venir del sector B2B, porque estábamos acostumbrados a unos márgenes completamente distintos a los que puede arrojar la venta directa B2C. Así que cuando nos subimos al tren definitivo y decidimos abrir nuestra propia fábrica, fuimos felices mucho antes de que lo fueran nuestros competidores. Ellos necesitaban operar con un margen mayor, puesto que también tenían fábricas que debían soportar las elevadas comisiones de los agentes comerciales y unos costes generales igual de elevados. Nosotros podíamos vivir con un margen mucho menor."
En Dinamarca, la tendencia a comprar muebles por internet estaba creciendo, y la combinación de showrooms físicos y tiendas online parecía ser un concepto que muchos consumidores estaban entendiendo. El objetivo no era gustar a todo el mundo, sino aprovechar nuestro profundo conocimiento del sector para explotar el enorme potencial de mercado: "Nuestro objetivo no era que todo el mundo nos comprara su sofá, sino que todo el mundo se planteara comprárnoslo, y eso lo hemos conseguido". Un conocimiento que la pareja reforzaba aún más con su sentido del diseño y de "las cosas caras": "Siempre se nos ha dado bien hacer que parezca más caro de lo que es", afirma Christian.
Nuestro pequeño acto de protesta dio lugar a SofaCompany, que surgió precisamente de hacer lo que se supone que no teníamos que hacer.
El punto de inflexión
Las responsabilidades de Cathrine y Christian en la empresa se iban acotando y definiendo poco a poco. Cathrine tenía una sensibilidad estética muy pronunciada y era la encargada de detectar tendencias, mientras que Christian se centraba en el desarrollo del negocio y en las finanzas globales de la empresa. Para ello, aplicaba un método muy práctico pero poco convencional en el que los indicadores clave los calculaba en "sofás".
"Cogí nuestros costes y los multipliqué por un factor que había calculado. Era como una especie de 'cuenta de la vieja', y aunque sin duda podría haberse hecho de forma mucho más profesional, tenía sentido. Recalculé todos nuestros costes en términos de 'sofás'. Por ejemplo, para sopesar la contratación de un nuevo empleado me preguntaba: '¿Cuántos sofás más tenemos que vender para poder pagar a este trabajador?'. Cuando operábamos en B2B, lo calculaba todo en 'containers'. No era muy ortodoxo, pero funcionaba", explica riendo Christian.
Allá por el año 2012, un supuesto comprador industrial llamó a la puerta de la pareja. La oferta que les hizo era tentadora, pero la presión para Christian que suponía el cumplimiento de los requisitos del comprador —entre ellos, impulsar el crecimiento del segmento B2B hasta alcanzar el tamaño adecuado— era también muy grande. Tras un período de conversaciones, el comprador potencial le dio un consejo a Christian, un consejo que todavía hoy recuerda con total claridad porque significó retener la propiedad de la empresa y dar el paso necesario para incrementar aún más el atractivo de Sofakompagniet: "O me vendes a mí, o contratas a gente y le metes gas. No se puede ganar una batalla con un puñado de soldados.
Tienes que tener un ejército", me dijo. "Así que contraté a las personas que necesitábamos para que me relevaran donde fuera necesario. Todavía hoy le estoy agradecido y contento de haber seguido su consejo. El éxito que estábamos teniendo no lo podíamos gestionar nosotros", admite Christian.
Pasaron los años y Christian fue contratando el talento que un negocio en expansión necesitaba; esto le permitió centrarse en la parte creativa y bajar el ritmo, con la tranquilidad de saber que estaba haciendo lo que tenía que hacer. Al mismo tiempo, la pareja se dio cuenta de que para alcanzar nuevas cotas iba a necesitar más que talento:
"El negocio funcionaba y habíamos contratado a gente perfectamente preparada para gestionarlo, lo cual nos permitió centrarnos en el largo plazo y pensar el modelo de negocio que queríamos para el futuro. Llegamos a la conclusión de que necesitábamos más capital, y aunque hubiéramos podido aportarlo nosotros mismos, éramos una familia joven y teníamos que ser conservadores. Creíamos en el proyecto y en el futuro de la empresa y queríamos dar un salto cuántico, compartiendo los riesgos y beneficios con un socio capaz de acompañarnos en ese viaje."
Mientras el negocio y este tipo de reflexiones seguían su curso, Christian se puso en contacto con la consultora financiera Clearwater. Gracias a ellos, Cathrine y Christian descubrieron que, aunque la empresa tenía potencial para los inversores, había algunas áreas en las que era necesario mejorar antes de lanzarse a un proceso de venta.
"Tuvimos conversaciones con Clearwater durante más de un año y medio. Y desde el principio me quedó claro que no estábamos preparados, ni a nivel organizativo ni informativo, para vender. Así que tuve que salir a buscar a las personas adecuadas para confeccionar los informes que cualquier comprador potencial esperaba. Clearwater lo hizo muy bien en este sentido y nos acompañó durante todo el proceso, lo cual ha tenido un gran valor para nosotros."
Durante el proceso Christian se dio cuenta, por ejemplo, de que los fondos de capital riesgo podían ser posibles socios y compradores. Una posibilidad en la que, de otro modo, no habría pensado demasiado desde que el comprador interesado llamara a la puerta unos años antes:
"Básicamente teníamos dos objetivos: captar dinero y encontrar a alguien que supiera utilizarlo para llevar a la empresa más lejos. Gracias a Clearwater conocimos las empresas de capital riesgo. La verdad es que me daba igual si vendíamos la empresa a un fondo de inversión o a un comprador industrial, pero habíamos escuchado algunas historias no muy positivas sobre los fondos de capital riesgo, por lo que Cathrine y yo éramos algo reticentes a esta opción y necesitábamos, por decirlo de alguna manera, que nos convencieran", recuerda Christian.
O me vendes a mí, o contratas a gente y le metes gas. No se puede ganar una batalla con un puñado de soldados.
Una marca no se construye en una hoja Excel
Al principio, a Christian, por decirlo suavemente, no le entusiasmaba la idea de que su empresa y la de Cathrine pasara a manos de un fondo de inversión. La pareja siempre ha confiado en su instinto empresarial y en su capacidad para detectar tendencias y oportunidades, por lo que tenían dificultades para conciliar este concepto de hacer negocios con la rigidez y las exigencias que se suponía conllevaba la entrada de un fondo de capital riesgo, según la imagen que los fundadores tenían de este tipo de empresas. "Un fondo de capital riesgo es diametralmente opuesto a nosotros y a nuestra forma de hacer negocios. Una marca no se construye en una hoja Excel."
La compra se materializó finalmente en el año 2017, y la pareja pasó los primeros 100 días junto al fondo de inversión para "entenderse y encontrarse". Procuritas pudo obtener una visión más profunda de la empresa y del equipo que había detrás y comprobar que el plan estratégico acordado antes de la compra era realista. Una vez captado el capital necesario, había que encontrar a las personas adecuadas para iniciar la nueva etapa de crecimiento de la empresa: "Aquí actuaron de manera profesional para encontrar a las personas adecuadas, y se hizo evidente que cuentan con otros recursos y una red completamente diferente cuando se trata de hacer crecer una empresa. Manejan distinto el riesgo cuando se trata de contratar perfiles de alto nivel para la dirección, lo cual forma parte de su experiencia." El equipo directivo original permaneció en el puesto, pero se amplió con nuevas incorporaciones, y Christian pudo comprender el enfoque orientado a resultados que resulta de los muchos años de experiencia que tiene un fondo de capital riesgo, tanto a la hora de recopilar información relevante como de contratar a la gente adecuada. "Simplemente saben lo que se hacen. Al fin y al cabo, todas las empresas tienen cosas que se parecen, se dediquen a lo que se dediquen. Y se nota que ya han pasado muchas otras veces por lo mismo", subraya Christian.
Cuando Clearwater puso sobre la mesa al fondo de capital riesgo Procuritas como posible comprador, aparte de las reticencias Cathrine y Christian también vieron la oportunidad de ver cumplido su sueño de escalar la empresa al mercado global.
Como era de esperar, Procuritas traía varias hojas Excel bajo el brazo. Al principio la pareja no las tenía todas consigo, pero a medida que fueron avanzando las negociaciones vieron que la combinación entre instinto empresarial y hojas Excel quizás no era tan inútil como pensaban, después de todo: "En ese momento empecé a ver las hojas Excel de otra manera. Hasta ese entonces, Cathrine y yo habíamos actuado según nuestro instinto a la hora de detectar tendencias y tomar decisiones. Pero Procuritas nos ha enseñado a ver que la combinación de ambas cosas puede ser realmente productiva", admite Christian. El empresario explica que él y Cathrine han dirigido su negocio basándose en algo que Procuritas denomina "Arte", pero que este "Arte" necesita un contrapeso pragmático llamado "Ciencia". "El Arte y la Ciencia que decía Procuritas deben ir de la mano. A nosotros nos sobraba Arte y nos faltaba Ciencia."
Ser tan diferentes de los otros padres con "trabajos normales y vidas normales" también ha comportado un punto de soledad para Cathrine y Christian, que se han sentido siempre un poco fuera de la comunidad de padres y algo alejados de los "pequeños" problemas de sus congéneres, con una empresa en expansión que gestionar y los sofás como tema recurrente:
"Nos sentíamos un poco fuera de la comunidad de padres y madres. Con todo lo que tenías encima, ir a una reunión de padres a discutir sobre la necesidad de cambiar de proveedor de leche o sobre dónde sería el próximo campamento escolar nos resultaba bastante ajeno. Sinceramente, no nos preocupaban mucho estas cuestiones. Soy consciente de que probablemente no hemos sido los padres más entregados del mundo, pero con todo lo que teníamos, resultaba complicado", afirma Christian pensativo. Por otro lado, Christian es muy consciente de la libertad que la pareja ha tenido como propietaria de su propio negocio y de cómo esta libertad les ha permitido tener la flexibilidad necesaria para criar a dos niños pequeños:
"No obstante, trabajar por nuestra cuenta nos ha permitido tener también mucha flexibilidad. Afortunadamente, tu horario puede ser flexible, así que si uno de los niños estaba enfermo, uno de los dos podía recogerlo sin problemas. Tener nuestra propia empresa nos permitía ser muy independientes y gestionar nuestro día a día de manera flexible. De lo contrario, nos habría costado mucho cumplir todas las expectativas relacionadas con las extraescolares y actividades varias."Además, el hecho de que Cathrine y Christian hayan trabajado siempre juntos les permite comprender perfectamente al otro: "Somos felices trabajando juntos, y nunca nos hemos planteado dejar de hacerlo. Trabajamos juntos, vivimos juntos, disfrutamos de nuestro tiempo libre juntos. Nos entendemos porque trabajamos juntos. Sabemos y comprendemos lo que el otro necesita, porque tú estás en la misma situación", explica Christian.
Cathrine y Christian pudieron ir viendo poco a poco el valor que aportaba a la empresa el fondo de capital riesgo, es decir, la Ciencia, y cómo se reflejaba en la operativa diaria. Sin embargo, lo suyo seguía siendo el Arte. Antes de la venta, los dos habían dejado claro que para ellos era crucial que también se reservaran recursos para desarrollar la marca; de hecho, era un requisito tan crucial que la propia elección del fondo de inversión se basó precisamente en eso: "Cathrine y yo elegimos al fondo de capital riesgo con la condición de que había que hacer algo con nuestra marca. Ellos se mostraron abiertos a invertir en nuestro Arte, igual que nosotros nos mostramos abiertos a su Ciencia. Se reservó dinero para desarrollar la marca, y se nos escuchó y respetó", explica Christian.
Al cabo de unos años, fue como si las piezas encajaran solas. Se había formado el equipo adecuado y se había encontrado una fórmula común. Cathrine y Christian se retiraron por completo de la operativa diaria, aunque permanecieron en el consejo de administración. Era un paso lógico para el que Christian llevaba tiempo preparándose:
"Ya me había distanciado un poco del día a día de la empresa en los últimos años, y había contratado a dos directores de operaciones para las dos divisiones existentes. Así que cuando desembarcó el fondo de capital riesgo, expresé enseguida mi decisión de no desempeñar el cargo de CEO, consciente de todas las obligaciones de información y el nivel de detalle que ello conllevaba y de que ascendíamos a una liga para la que no me sentía del todo preparado. Así que uno de los dos directores de operaciones fue ascendido a consejero delegado del grupo y todavía hoy desempeña este cargo en SofaCompany. Por eso la retirada de primera línea no supuso ningún trauma para mí."
El cambio de rutina permitió a Christian liberarse de las obligaciones de un CEO, centrarse de nuevo en su parte creativa y concebir nuevas ideas de negocio. Fue también en esta época cuando Sofakompagniet cambió su nombre danés por la denominación internacional SofaCompany, el nombre con el que había operado la empresa durante muchos años en el mercado internacional.
Y aunque seguía existiendo una especie de confrontación entre la intuición de los fundadores y los cálculos rigurosos del fondo de inversión, acabó surgiendo una fórmula intermedia: "Cuando operábamos en B2B, lo calculaba todo en 'containers'. No era muy ortodoxo, pero funcionaba. Cuando vendimos a Procuritas, tuvimos que cambiar la unidad de cálculo a coronas, pero lo gracioso es que ahora volvemos a contar en contenedores, porque el volumen se ha disparado", comenta Christian con una sonrisa.
Cuando le preguntas a Christian por qué no mejoró las cifras de la empresa —la Ciencia— antes de vender para poder conseguir un precio de venta más alto, este responde: "Las finanzas de la empresa iban bien, pero habíamos llegado al límite de nuestra capacidad de asumir riesgos. Además, teníamos grandes decisiones por delante y pensamos que un socio estratégico nos podía venir muy bien. Todo lo que teníamos estaba metido en ese negocio; la cuestión era si pulíamos nosotros mismos ese diamante para venderlo más caro o si vendíamos el diamante en bruto para que otros nos ayudaran a pulirlo, alguien que ya lo hubiera intentado antes. En ese momento no lo dudamos ni un segundo: la segunda opción era la correcta. Pero sí, si se vuelve a dar una situación similar, sé lo que tengo que hacer para aumentar el valor antes de una venta. En ese momento, no obstante, la entrada del fondo de capital riesgo era la mejor opción. Y me alegro de haber contado para ello con el asesoramiento de Clearwater."
"¿No puedes hablar de otra cosa que no sean sofás?"
Durante los jóvenes y ajetreados años en la empresa de muebles de su suegro, Cathrine y Christian se las apañaron también para tener dos hijos: un hijo y una hija que hoy tienen 16 y 14 años respectivamente. Como la mayoría de padres trabajadores con niños pequeños, conciliar un trabajo a tiempo completo con la rutina diaria de los niños, las extraescolares, las expectativas varias y la falta de sueño es una misión complicada. Más si estás al frente de un negocio en expansión en el que no hay ni un día igual que otro y en el que un miembro de la pareja, o los dos, están a menudo de viaje por trabajo. Esto, naturalmente, ha repercutido en la vida familiar de la pareja, admite Christian: "Probablemente nuestros hijos han sufrido un poco nuestra falta de tiempo. Cuando nos íbamos de vacaciones, a menudo nos preguntaban si no podíamos dejar de hablar de sofás. Pero entonces les explicábamos que eran los sofás los que nos permitían irnos de vacaciones. No están traumatizados en absoluto, pero tener dos padres que trabajan y viajan tanto tampoco es fácil. Eso sí, también han podido tener experiencias que otros niños no tienen."
Ser tan diferentes de los otros padres con "trabajos normales y vidas normales" también ha comportado un punto de soledad para Cathrine y Christian, que se han sentido siempre un poco fuera de la comunidad de padres y algo alejados de los "pequeños" problemas de sus congéneres, con una empresa en expansión que gestionar y los sofás como tema recurrente:
"Nos sentíamos un poco fuera de la comunidad de padres y madres. Con todo lo que tenías encima, ir a una reunión de padres a discutir sobre la necesidad de cambiar de proveedor de leche o sobre dónde sería el próximo campamento escolar nos resultaba bastante ajeno. Sinceramente, no nos preocupaban mucho estas cuestiones. Soy consciente de que probablemente no hemos sido los padres más entregados del mundo, pero con todo lo que teníamos, resultaba complicado", afirma Christian pensativo. Por otro lado, Christian es muy consciente de la libertad que la pareja ha tenido como propietaria de su propio negocio y de cómo esta libertad les ha permitido tener la flexibilidad necesaria para criar a dos niños pequeños:
"No obstante, trabajar por nuestra cuenta nos ha permitido tener también mucha flexibilidad. Afortunadamente, tu horario puede ser flexible, así que si uno de los niños estaba enfermo, uno de los dos podía recogerlo sin problemas. Tener nuestra propia empresa nos permitía ser muy independientes y gestionar nuestro día a día de manera flexible. De lo contrario, nos habría costado mucho cumplir todas las expectativas relacionadas con las extraescolares y actividades varias."Además, el hecho de que Cathrine y Christian hayan trabajado siempre juntos les permite comprender perfectamente al otro: "Somos felices trabajando juntos, y nunca nos hemos planteado dejar de hacerlo. Trabajamos juntos, vivimos juntos, disfrutamos de nuestro tiempo libre juntos. Nos entendemos porque trabajamos juntos. Sabemos y comprendemos lo que el otro necesita, porque tú estás en la misma situación", explica Christian.
El Arte y la Ciencia que decía Procuritas deben ir de la mano. A nosotros nos sobraba Arte y nos faltaba Ciencia.
El círculo se cierra con Lars Larsen
Si uno cree en el destino, podría decir que el hecho de que Cathrine y Christian, junto con el fondo de capital riesgo Procuritas, acaben de vender SofaCompany a Lars Larsen Group, la empresa que está detrás de Jysk, que fue indirectamente la culpable de que la joven pareja se lanzara en solitario a la aventura de los sofás allá por 2008, estaba escrito en el firmamento. Es difícil saber si se trata de una coincidencia o del destino, pero Christian lo vivió casi como una señal cuando se enteró de que Lars Larsen Group estaba entre los compradores potenciales que había presentado Procuritas: "Cuando me enteré, no tardé ni dos segundos en afirmar que ese era el mejor próximo propietario posible. A lo largo de su vida mi suegro hizo muchos negocios con Lars Larsen, y era un hombre de palabra y de valores, los mismos que, al parecer, rigen el grupo corporativo en el que se ha convertido hoy. Así que, en cierto modo, era como si el círculo se cerrara."
Junto con Procuritas, Cathrine y Christian habían llevado tan lejos SofaCompany que hasta Lars Larsen Group la pretendía. Pero antes, la irrupción de la COVID-19 dejó a la pareja en shock cuando todo se paralizó en marzo de 2020. La pandemia, no obstante, actuaría después como motor de crecimiento y aceleraría la transición digital en la que ya se encontraba desde hacía tiempo la venta de muebles: "En marzo de 2020 el mundo se paralizó y todos nos quedamos en shock. Pero luego las ventas se dispararon. Enviaron a los trabajadores a casa y el teletrabajo se generalizó. Además, no se podía viajar, por lo que ¿en qué gastaba la gente el dinero? Pues en ponerse cómoda en casa."
Desprenderte de tu proyecto de vida, ahora por completo, aquello por lo que has estado luchando desde que eras joven y que te ha proporcionado lujos pero también noches en vela, es complicado. Christian, sin embargo, tiene una actitud totalmente pragmática al respecto que se basa en el convencimiento de que solo debes continuar al frente de algo mientras seas la persona adecuada para ello. De que puedes crear un concepto de éxito y soltarlo cuando llega el momento para que siga vivo y pueda crecer aún más en las manos adecuadas:
"Entregar tu proyecto a alguien que tiene más capacidad y experiencia es hacerlo crecer. Ahora se lo hemos entregado de nuevo a Jysk, que también tiene la experiencia, la valentía y el dinero necesarios para llevarlo aún más lejos. Reconforta saber que va a parar a buenas manos. El concepto original de 2012 sigue vigente en su forma actual, y estoy convencido de que puede seguir siendo la base para convertir la empresa en uno de los exportadores de muebles más importantes del mundo. Tiene todas las cualidades para ello y el nuevo propietario está más que dispuesto a invertir para conseguirlo. Esta perspectiva me llena de entusiasmo."
Cuando se le pregunta por la parte emocional, por la capacidad de "dejar ir" algo que ha requerido tanto esfuerzo que casi podría considerarse un tercer hijo, Christian responde con el mismo pragmatismo de antes: "Tengo dos hijos en casa, y naturalmente nunca los vendería. SofaCompany siempre ha sido un proyecto conjunto y nunca hemos tenido miedo de asumir riesgos. '¿Qué pasa si sale mal?', nos hemos preguntado siempre. 'Pues que entonces probaremos otra cosa', ha sido siempre la respuesta. No hemos sido nunca sobreprotectores con la empresa. Nunca la he visto como un 'hijo', así que tampoco me ha resultado difícil venderla. Lo he visto, simplemente, como un paso lógico."
Para Christian, no obstante, era importante también aquí sentir la química, no solo el interés por las finanzas. Y aunque esta vez se trataba de la venta total de la empresa, que el círculo se cerrara con unas personas con las que él y Cathrine compartían valores le reconfortaba:
"Para mí siempre ha sido muy importante entenderme con la gente con la que hago negocios. Cuando elegimos a Procuritas, por ejemplo, no lo hicimos porque hubieran presentado la oferta más alta, sino porque eran con los que teníamos mejor química. Y dado que teníamos que trabajar con ellos durante los cinco años subsiguientes, necesitábamos asegurarnos de que compartíamos los mismos valores y de que íbamos a entendernos. Por eso elegimos a Clearwater para esa primera venta, porque sabíamos que nos íbamos a entender. No todo es dinero", recalca Christian.
Junto con Procuritas, Cathrine y Christian habían llevado tan lejos SofaCompany que hasta Lars Larsen Group la pretendía.
La próxima aventura espera
Cuando aún está fresca la tinta del contrato de venta, Cathrine y Christian respiran y disfrutan de la sensación que da saber que ahora "solo" son los fundadores de la gran empresa de sofás: "Ahora estamos fuera del todo. Solo somos los 'fundadores'. Me siento hasta orgulloso de este apelativo. Sobre todo si la empresa llega a donde yo creo que va a llegar", dice Christian pensativo.
Y cuando uno, como Cathrine y Christian, llega al final de un viaje que ha durado veinte años como socios en los negocios y en el amor, tiene una cierta clarividencia sobre aquello a lo que le quiere dedicar más tiempo y aquello a lo que rotundamente no. Claro que es divertido dirigir tu propio negocio, pero los años duros del principio, en los que "el banco llama mientras estás de vacaciones porque tienes un descubierto de 20.000 coronas", pueden separar a cualquier pareja.
Entre los planes de futuro de la pareja, sin embargo, no está embarcarse en unas vacaciones eternas. La pareja conoce ahora mejor que nunca su propio potencial y el del otro, y están deseando explotarlo en una nueva aventura: "Conocemos nuestros puntos fuertes y débiles. Cathrine es la creativa; sabe detectar tendencias y es buena visualmente y para los colores. A mí se me dan bien los conceptos y el desarrollo empresarial". Pero si antes el sueño era trabajar duro para llegar a lo más alto, ahora el objetivo es respirar, divertirse: "No soñamos con volver a tener un gran éxito. Queremos ir más despacio y tener tiempo para reflexionar más las cosas. Porque probablemente hemos corrido mucho siempre. Hay algunos años por los que definitivamente no quiero volver a pasar. Queremos plantar y cultivar algo con calma, sin que nos arrastre.
La historia de los sofás de Cathrine y Christian —y sobre todo su bonito final— podría sonar para la mayoría de los mortales como un cuento de hadas. Pero nada más lejos de la realidad. Christian es consciente del reguero de víctimas y renuncias que se han producido por el camino, incluidos a menudo ellos mismos y su familia:
"Para poder controlar de cerca las primeras pruebas de producción, y también para ahorrarnos algunos trabajadores, toda la familia tuvo que trasladarse a Vietnam. Pero los niños no se adaptaron, y Cathrine tuvo que volver a casa con ellos. Así que allí estaba, en Vietnam, con una deuda enorme y sin poder volver a casa con mi familia", recuerda Christian.
A pesar de todo ello, Christian anima a otros empresarios a lanzarse a la aventura. Porque "es sano ganar tu propio dinero", y aunque la forma de gestionar los negocios no sea la más ortodoxa, aunque no esté basada en indicadores, informes y hojas Excel, puedes llegar lejos con valentía y con una buena intuición, sin miedo a subirte al tren cuando ves que pasa:
"Estoy seguro de que hay muchos otros empresarios como nosotros. No somos necesariamente más tontos que los demás solo porque tengamos un enfoque diferente a la hora de hacer negocios. Para mí es importante transmitir este mensaje", concluye Christian.
Queremos plantar y cultivar algo con calma, sin que nos arrastre.
Asesores de Clearwater
Por qué Clearwater marca la diferencia