La transformación del aftermarket se consolida
Mientras la renovación del parque avanza más lentamente de lo previsto, los vehículos incorporan cada vez más electrónica, software y sistemas avanzados de asistencia a la conducción. Esta combinación de envejecimiento y complejidad tecnológica está redefiniendo las necesidades de mantenimiento y reparación, generando nuevas oportunidades para los actores mejor posicionados de toda la cadena de valor.
El verdadero cambio: la transformación del recambio
La gran transformación del sector no será la desaparición del mantenimiento, sino la transformación de su contenido. El debate sobre el coche eléctrico suele centrarse en todo lo que deja de cambiarse: aceite, correas, embragues o filtros. Sin embargo, se habla mucho menos de todo lo que empieza a aparecer: sensores, radares, cámaras, baterías, software, calibraciones y sistemas electrónicos cada vez más sofisticados.
En otras palabras, el recambio está teniendo su propio recambio.
Además, la tecnología puede producir un efecto inesperado. Los estudios sobre conducción autónoma y ADAS apuntan a que los vehículos podrían recorrer más kilómetros y no menos. Más comodidad, más usuarios potenciales y trayectos más largos podrían aumentar el uso del automóvil precisamente cuando muchos esperan lo contrario.
Un consumidor cada vez más sensible al coste
Mientras tanto, el consumidor continúa mostrando una alta sensibilidad al coste total de propiedad del vehículo. Mantener un coche (combustible, mantenimientos, impuestos, ITV, etc.) cuesta entre 2.500 y 4.200 euros al año, por lo que el precio seguirá siendo un factor decisivo. No es casualidad que el 55% de los conductores españoles prefiera ya el recambio independiente frente al original cuando la calidad percibida es equivalente.
Durante años, la narrativa dominante ha sido: el vehículo eléctrico requiere menos mantenimiento, la conducción autónoma reducirá los accidentes y los fabricantes recuperarán parte del negocio de la posventa. La conclusión parecía evidente: el sector del recambio tendría que reinventarse.
Y es cierto. Pero probablemente no por las razones que muchos imaginan.
Analizando el mercado español, una realidad sigue siendo evidente, los consumidores siguen necesitando el coche. Más de 14 millones de personas lo utilizan para ir a trabajar cada día. El 68% de los hogares tiene un único vehículo. Y sustituirlo es cada vez más difícil: un coche nuevo cuesta de media 43.500 euros, mientras que la renta media disponible apenas supera los 15.000 euros al año.
Un parque automovilístico cada vez más envejecido
La consecuencia es evidente. La edad media del parque español ya alcanza los 14,6 años y sigue creciendo. Se venden más de dos coches usados por cada coche nuevo y cerca de seis de cada diez vehículos de ocasión tienen más de diez años.
Esto plantea una cuestión relevante para el sector: ¿Cuánto tiempo tardará realmente España en sustituir su parque de combustión?
Aunque las ventas de eléctricos sigan creciendo, hoy representan menos del 10% de las matriculaciones y apenas alrededor del 2% de los coches que circulan por nuestras carreteras. Incluso si las matriculaciones eléctricas se aceleran significativamente durante la próxima década, harán falta varias décadas para reemplazar los más de 25 millones de turismos existentes. La realidad es que los motores de combustión seguirán siendo la base del parque español durante buena parte de los próximos veinte años.
La materia prima del aftermarket está asegurada.
El verdadero cambio: la transformación del recambio
La gran transformación del sector no será la desaparición del mantenimiento, sino la transformación de su contenido. El debate sobre el coche eléctrico suele centrarse en todo lo que deja de cambiarse: aceite, correas, embragues o filtros. Sin embargo, se habla mucho menos de todo lo que empieza a aparecer: sensores, radares, cámaras, baterías, software, calibraciones y sistemas electrónicos cada vez más sofisticados.
En otras palabras, el recambio está teniendo su propio recambio.
Además, la tecnología puede producir un efecto inesperado. Los estudios sobre conducción autónoma y ADAS apuntan a que los vehículos podrían recorrer más kilómetros y no menos. Más comodidad, más usuarios potenciales y trayectos más largos podrían aumentar el uso del automóvil precisamente cuando muchos esperan lo contrario.
Un consumidor cada vez más sensible al coste
Mientras tanto, el consumidor continúa mostrando una alta sensibilidad al coste total de propiedad del vehículo. Mantener un coche (combustible, mantenimientos, impuestos, ITV, etc.) cuesta entre 2.500 y 4.200 euros al año, por lo que el precio seguirá siendo un factor decisivo. No es casualidad que el 55% de los conductores españoles prefiera ya el recambio independiente frente al original cuando la calidad percibida es equivalente.
El interés inversor se concentra en compañías que combinan exposición a las principales tendencias del sector con capacidades diferenciales en tecnología y servicios especializados.
El aftermarket del futuro: tecnología, complejidad y nuevas oportunidades
n este contexto, los principales beneficiarios de la próxima etapa de crecimiento no serán necesariamente los fabricantes con mayor volumen de producción, sino aquellos capaces de combinar capacidad tecnológica, cercanía al cliente y especialización técnica. Distribuidores, redes de talleres, especialistas en diagnosis y calibración ADAS, fabricantes de electrónica y aseguradoras, que ya gestionan en España más de 11 millones de siniestros al año.
La próxima década no tratará sobre menos coches. Tratará sobre un parque envejecido, unos vehículos cada vez más tecnológicos y unos consumidores cada vez más sensibles al coste de propiedad.
El automóvil español está cambiando. Y el recambio también.
Porque el verdadero reto de los próximos diez años no será sustituir millones de coches de combustión. Será adaptarse a un parque que seguirá siendo mayoritariamente de combustión, pero que cada año incorporará más tecnología, más electrónica y más complejidad.
Ese es, probablemente, el verdadero recambio del recambio.
Autor
Francisco Gómez
Managing Partner
Inicié mi carrera en el ecosistema de las B4, de ahí salté al mundo corporativo, para incorporarme posteriormente al sector de asesoramiento de M&A (los últimos 25 años). Radicado en Madrid, soy socio de Clearwater desde su fundación. Mi tipología de asesoramiento: el interés del accionista es lo primero.
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